martes, 11 de enero de 2011

Escenas: Sonrisa, Sangre y Reflejo.

-Los tres estábamos en el pasillo, leyendo, yo parado contra la pared compartiendo libreto con él, y ella frente a nosotros, sentada en el piso. Yo leía pero cada tanto la miraba, no podía evitarlo. Siempre se concentraba muchísimo al leer, no solo el libreto, cualquier cosa, verla sentada con las piernas cruzadas leyendo era un indicador de que ella no estaba con nosotros, estaba en su mundo, en su cabeza, nada la iba a sacar de ahí, nadie podía molestarla. Resultaba gracioso a veces, llamarla y que no contestara, decir su nombre varias veces, quedarme parado, mirándola con asombro, sonriendo, momento en el que ella sí reaccionaba, tal vez durante ese estado su nombre era eso, una sonrisa, por eso volvía con nosotros, sonreír hacía que ella me mirara, jamás pude entender eso, quizás era lo que más me fascinaba de ella.
A él lo conocía de toda la vida, eramos como hermanos, estábamos ahí por esas cosas de la vida, y claro, él sabía lo que sentía por ella, y como todo hermano del alma, era insoportable durante las horas de rodaje, obvio, a una manera que solo yo entendía, pero era suficiente para hacerme perder la paciencia, pero en el buen modo obviamente, nunca enojado, siempre supo hacerme reír. Justo en ese momento que la miré por encima del papel, él se llevo la mano a la boca y aclaró la garganta de manera grotesca, agitó el libreto para que me concentrara, con una mirada cómplice, lo que me hizo volver al cuadernillo. Él la miró como corroborando que ella concentrada no iba a darse cuenta de la situación, pero como buen observador que es, captó el final de su muy disimulada sonrisa. 

(Cambia la escena)

-Estamos en una habitación muy pequeña, tendría cuatro metros de largo por dos de ancho. Paredes blancas, lisas, piso de tablas, a juzgar por su apariencia había estado abandonada desde hace mucho tiempo. Había una ventana con cortinas viejas, amarillentas, tapada por un gran armario, muy viejo, lleno de polvo, pero se notaba que era de buena madera, hermosamente tallada, y en un costado un baúl, largo, con suficiente espacio para una persona acostada. El armario ahí no dejaba entrar mucha luz, daba la impresión que no era ese su lugar, que simplemente estaba ahí como por arte de magia. El ambiente era muy tenso, los tres estábamos muy asustados, la adrenalina era increíble, había algo muy mal ahí, como si esa pequeña habitación escondiese un secreto horrendo. Abro el armario, adentro había tres maniquíes, blancos, solo el torso y la cabeza, y algo más, que no recuerdo, pero que al mirarlo me atrajo de una manera irresistible, tuve la necesidad, el deseo, de tomarlo, de sacarlo de ahí, lo tomé, entonces, en tan solo un segundo, sucedió: ella gritándome, la advertencia, sacar ese objeto del armario había sido un error, debía pagarse con sangre; cuando me di cuenta de la situación ya era demasiado tarde, ella estaba abriendo el baúl, donde estaba él, herido de una manera atroz, casi mortal, sus ojos perdidos, mirando la nada, su boca abierta, su rostro blanco, la ropa llena de sangre, las heridas abiertas, yo estaba paralizado, no supe reaccionar, verlo en ese estado me dio mucho miedo, más del que había sentido en toda mi vida, ella ya estaba de rodillas a su lado, curando las herídas, llorando.

(Cambia la escena)

-Es de noche, estamos los tres en el compartimento de un tren, rumbo a las montañas, mirando el paisaje, por algún extraño motivo la luz de la luna iluminaba todo de una manera muy viva, era una luz extraña, iluminaba todo de una manera muy particular, tonos oscuros, azules, verdes, marrones, pero todo brillaba magníficamente, nunca habíamos visto un paisaje tan hermoso como ese. Al pasar por el medio del lago (las vías estaban en el medio, o quizás el tren flotaba, no reparé en ese detalle) el reflejo del tren era casi tan real como su dueño, yo nos veía en ese espejo, él miraba la luna, tenía algo con ese astro, adoración, no lo sé, la miraba como si estuviese leyendo el mejor de los libros, totalmente hipnotizado, era divertido escucharlo hablar sobre el cielo, como si su nacionalidad fuese alguna estrella, o todas, hablaba con una naturalidad tal que sinceramente parecía el creador de todo eso que en ese momento miraba, inventaba versos, tomaba su cuaderno y escribía. Pero ella no miraba la luna, ella me miraba a mi, y sonreía, yo le devolví la sonrisa al reflejo, entonces vi que en el espejo ella me agarra la mano, muy tímidamente, ese reflejo era tan real que pensé en simplemente saltar a ella, pero luego recordé que la real estaba al lado mío, entonces, giré, la miré, para hacer lo que decía el ultimo renglón del libreto, escrito en su boca.

9 comentarios:

  1. hay como que me marie.. escribia con la boca porque no tenia manos? soy experta para desvirtuar historias copadas jajaja... soy la peor... algo re lindo y ahora todos la van a imaginar sin brazos...

    perdón fue sin querer....

    =)

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  2. igual leiste cualquiera, porque no escribía con la boca, fiajte, fijate bien...

    yo te lo dije, estas totalmente loca...

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  3. escrito en su boca. igual yo me la sigo imaginando sin brazos

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  4. bueno, es tu fantasía, no la mía... te la dejo(?)

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  5. Epa epa epa... (silencio)

    Me imagine cada escena! Todos los detalles, los colores, los objetos de cara escena y los gestos..

    Me encantó! Dos frases que me robó me gustaron mucho:
    "tal vez durante ese estado su nombre era eso, una sonrisa"
    " entonces, giré, la miré, para hacer lo que decía el ultimo renglón del libreto, escrito en su boca.."

    Aplaudo caballero (:
    Me hiciste reir con lo de "escribi cuando vuelvaaas" jajajajajaja

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  6. Me encantó la última escena, porque deja algo abierto, y me gusta poder armar lo que sigue como yo quiero.
    Aunque, la primera también, la segunda no, es muy sangrienta y cuando lo leía me daba dolor.. es mas, se me venía a la boca el gustito de la sangre, en lo que siempre sostengo que la sangre tiene gusto a metal.
    Buen, me fui por las ramas, qué raro.
    Pero en serio, esta bueno, de quién es? de dónde salió? yo quiero saber... seguro sos tan malo que no me contestás nada de esto y me dejás con intriga, gran intriga.
    No me importa, siempre tengo control sobre vos (y sobre tu almohada).
    Un beso atorrante y cachivache.

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  7. la sangre con gusto a metal es la que tiene mucho hierro.

    y mi almohada no es tuya, no se que te haces la dueña de mis cosas...

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  8. ah pero estamos en malvado
    paréntesis: felicitaciones, escribís genial, bue bue, algo bueno tenías que tener ???? (:

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  9. Me encantaron las tres historias, tienen ese nosequé que te hacen sentir todo tan real que parecen sueños. Y a la vez es todo pura imágen, uno puede estar ahí adentro y todo es tan hermoso aunque haya sonrisa, sangre o reflejo.
    saludos

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