sábado, 5 de marzo de 2011

Escenas: Lahuán.

- Estoy de pie, el día está muy soleado, pero el sol no se ve, ya que estoy a la sombra de cientos y cientos de seres inmensos, altísimos y con una presencia tan pacífica como intimidante. Inspiran respeto, ellos respetan muchísimo a quienes están alrededor, conocen tanto todo que se les prohíbe hablar con nosotros, porque saben que estamos rompiendo el equilibrio, y que no estamos para nada preparados para ese nivel de entendimiento. La naturaleza es sabia, en ese lugar la voz humana, el lenguaje humano no tiene lugar, o tiene el lugar que merece, porque uno instintivamente se obliga a oír, no emite sonidos, hay una necesidad, una fuerza seductora constante, de quedar en silencio. Escuchar al principio es complicado, como un chico que presta atención a una conversación de adultos, donde no entiende nada, y se siente desprotegido, solo, dejado de lado... pero con la diferencia que en este templo las conversaciones son agradables, si bien uno no entiende, dan ganas de seguir escuchando. Al final del sendero, se levanta uno de los titanes, dos mil seiscientos años de vida, una voz muy particular, y demasiadas historias para contar.
Estoy de pie, los rayos de sol iluminan un poco más, pero les cuesta llegar al suelo, y me encuentro solo, frente a ese titan, o Lahuan, como lo llamamos nosotros, el alerce milenario. Es muy tranquilizadora la presencia, escuchar es mucho más fácil, no sé porqué, pero la lección uno la aprende. Hay un equilibrio que no debemos alterar, ahí uno se da cuenta que el ser humano no es nada más que una parte, un engranaje, que pretende ser un todo, como un encaprichado nene que lo quiere todo, solo por tenerlo, sin entender, sin escuchar. Son esas cosas que uno no entiende hasta que está ahí, hasta que logra escuchar, donde logra entender un poco más. Es una se las sensaciones más fuertes y envolventes que hay, la de sentir que estas siendo parte de eso que tanto daño hace a algo increíblemente complejo, que ni siquiera podemos empezar a entender, pero atacamos por ignorancia. Y es más fuerte caer en la cuenta de que eso que destruimos es lo que nos da la vida, sin eso no estaríamos acá, somos una parte necesaria, simplemente hay que dejar de lado la ignorancia, la codicia, y el individualismo, para poder entender que a fin de cuentas... estamos siendo nuestros propios verdugos.
Me voy de ese lugar con algo nuevo, no es concreto, esta evolucionando con el paso de cada segundo, y me doy cuenta de que eso que viví es algo que todos deberían vivir, para que todos nos demos cuenta de donde estamos parados, para que nos demos cuenta de que somos parte de algo que se va a dar solo una vez.

"La tierra no la heredamos de nuestros padres, sino que la tomamos prestada de nuestros hijos"

5 comentarios:

  1. no solo hermoso, comparto tanto las sensaciones y los sentimientos de estas palabras.
    En el viaje yo tambien sentí muchas de esas cosas, caminar y encontrarme rodeada de vida, de tierra, de historias. La conexion con la naturaleza y con nosotros mismos en definitiva. el saberme y sentirme muy viva.
    en fin, más que hermoso. saludos!

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  2. Precioso (me dejó sin palabras)

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  3. Me encantó la última frase. Los viajes tienen eso, las tierras nos dan cosas que las tenemos adentro y nunca las sacamos, y que a veces, ni siquiera sabemos que las tenemos. Hermoso. Redescubrirse, cada día.
    Bueno nene, mucho saludos desde el Lanín, pero.. y las fotos? y Candela? y la moto? y vos?...
    Quiero fotos y gemelos.. me los debés.
    Un beso grande atorrante.

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  4. Creo que te.. extraño?
    Hace mucho que no hablamos galán.
    Beso grande!
    Y cada día escribís más lindo (:

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