jueves, 28 de abril de 2011

De 7:10 a 8:03

Había perdido el tren de siempre (el despertador me falló, como suele hacer los jueves), entonces como no tenía ganas de tomarme el que pasaba por el otro andén, decidí esperar al siguiente, que pasaba en 25 minutos, y ahí quedé, solo, en el cuarto lugar del segundo banco del anden 5. Baja la escalera, se acerca al banco donde estoy sentado. La reconocí al instante: la había visto hace una semana, bajo las mismas circunstancias. Camina rápido, es raro, faltan 20 minutos para que venga el tren. Al acercarse giro mi cabeza y la miro, ella estaba mirándome, y sentí que en el choque de las miradas ella se detuvo por una milésima de segundo, fue una duda ínfima, desvió la mirada y se sentó en el primer lugar del banco verde (yo estaba en el cuarto lugar, los del medio, vacíos).
Sus ojos grandes estaban inquietos, estaba sentada muy derecha, tensa, pero demostraba tranquilidad (o quizás yo la dibujaba tranquila). Los minutos pasaban en el vacío anden, girábamos la cabeza a ritmos distintos que coincidían tan genial como trágicamente para luego desviarse a cualquier objeto inanimado cercano. Sus ojos eran muy grandes, yo miraba la escalera (que estaba a su lado) y aún así podia ver sus pupilas moviendose, cerca de mí, arriba, a la derecha, y luego, en mí (que claro, al darme cuenta de eso, respondía con el mismo gesto, para que ese encuentro eléctrico haga corto, y uno de los dos vuelva al objeto inanimado más cercano)
Una señora llega y se sienta entre los dos, fue como una piedra lanzada hacia la ventana, el momento había terminado (si ella no se hubiese inclinado). Nos miramos un par de veces más, antes del anuncio de la llegada del tren. Me paro y voy hasta el borde del andén. Para ese momento ya estaban todos los asientos llenos, y la linea amarilla repleta de pisadas que ansiosas se asoman (No sabría decir cuando llegaron). Me doy vuelta, la miro, ella miraba la escalera, y luego, otra vez, los ojos grandes en mí. Viajamos en el mismo vagón, el primero. Fue el viaje más incómodo en semanas (porque nadie bajó y todos subieron). En el subte la volví a ver, pero prefiero verla en el anden 5, a eso de las 7:10, cuando sé que voy a llegar 20 minutos tarde.

8 comentarios:

  1. se quisieron como sólo los ojos saben querer.
    tiernus <3

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  2. esas historias son geniales!!!... yo las imagino, pero imaginaria que al final se aman en el baño del tren jajaja

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  3. Qué tierno!
    Igual esas miradas en los transporte público me ponen mal (yo sola puedo mirar intimidante a la gente) cuando me doy cuenta que alguien me mira, empiezo hacerme la loca y hablar sola. Por ahora funciona que corran la mirada jé.

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  4. què lindooooooooooo, coincido con La Hilarante!! jajaj

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  5. sol, no hya baños en el roca, y de haberlos, sería un lugar muy poco vistoso como para terminar una escena... jajajjaa

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  6. Ay.. yo también escribí sobre las miradas hace menos de una hora, aunque le di un enfoque más poético.
    Me gustó tu texto creo que si siguen coincidiendo podrías sacarle algún tema de conversación absurdo. Yo te apoyo. Un beso.

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