sábado, 2 de julio de 2011

Escenas: El Piano

-Ochenta y ocho teclas, diez dedos, una mente, un corazón. Todo se resume a esa matemática, todo es esa ecuación. Los ojos sienten, ven los blancos y los negros, veo el sonido que se expande a lo largo y a lo ancho de la habitación, desde adentro de mí. Algo adentro falta, no importa, todo parece estar afuera. Hay una gran confusión, la melodía es perfecta,las ochenta y ocho teclas son las indicadas, la habitación envuelve el sonido como mil sábanas blancas que flotan, la confusión es silenciosa, escucha lo que el piano tiene para decir.
De pronto, el reloj, el tiempo imponente, llama, y la locura se desata. Ochenta y ocho teclas que no paran, ochenta y ocho teclas, diez dedos, una mente, un corazón, y la locura. No hay tregua, el tiempo se hace notar, quiere llamar la atención, el piano no se va a detener. En mi cabeza ya no estoy, las teclas grandes, negras, las teclas chicas, blancas, las sábanas vuelan, mis oídos son un eco constante, la locura manda en la armonía, las notas salen de mi como si hubiesen estado atrapadas sin tiempo en algún lugar inexistente. Y el reloj sigue, pero el piano manda, tan grave, tan agudo, tan resonante en la sala, tan vacía de objetos, tan llena de emociones, tan llena que explota, tan llena que mi cabeza vacía se no soporta, tan llena de instantes, explota, y vuelve a vaciarse, para llenarse, para explotar, y volver a vaciarse.
Piano, pianísimo, forte a más no poder, los dedos piensan por sí mismos, nada manda, nadie manda, el caos es un preludio a la locura, la locura es la fuga, la tan ansiada fuga de la mente y el corazón, uno más uno es ochenta y ocho, uno más uno es diez, la matemática no importa, la matemática se pierde, para volver a lo último, olvidada, al igual que el tiempo, olvidados en el sinfín de movimientos, en el sinfín, de notas, hasta que de pronto, en la sala, en mi cabeza: silencio.