viernes, 12 de agosto de 2011

La caja en el viejo 71.

Abro los ojos. Mi cabeza da mil vueltas, o será el planeta que gira tan rápido que puedo percibirlo?. Miro alrededor, no tengo idea de donde estoy, ni como llegué ahí. Estamos en el último asiento de un colectivo abandonado, ella acostada sobre mis piernas, intento recordar, pero no puedo. Tres botellas vacías, un paquete de cigarrillos, y un aroma a mañana y humo, que combinado con el despertar de un dolor de cabeza terrible, dejan sensaciones muy extrañas. Miro el reloj, 5 de la mañana, casi es de día en la montaña, de a poco las instantáneas ocupan vacíos en mi cabeza, hasta que el vidrio me distrae, ella se mueve, patea una botella, la acomodo a mi lado y me pongo de pie. El viejo colectivo 71 estaba en lo más alto del cerro, la parte trasera estaba inclinada, ya que el eje trasero no estaba, lo que dificultaba pararse debido al débil mareo. Quedaban pocas ventanas, los asientos de adelante estaban en peor estado que los de atrás, por suerte hacía tiempo que no llovía, así que estaba todo seco. Doy varios pasos todavía dormido, buscando mi ropa, intentando recordar, pero al salir del 71, olvido aquello que no recuerdo, y miro hacia el horizonte, la niebla que tapa casi por completo los pinos que hay abajo a lo lejos. La niebla me hizo recordar el frío, que empecé a sentir de inmediato había ropa de los dos afuera tirada, me puse la remera, seguía con frió pero no veía el buzo, y los pinos ahogados me parecían muy atractivos como para perderme en mi piel necesitada de calor. Miro hacia atrás, y ella estaba sentada en el techo del colectivo, fumando, mirando los pinos. El hecho de que fumara me molestaba de a ratos, no me gusta eso en una mujer, pero importaba poco, me estaba preguntando como hizo para subir al techo.
La saludo con la mano desde donde estaba, la señalo y junto las puntas de mis dedos encima de mi palma, preguntando como llegó ahí arriba.
-El barril, ahí al costado- Me dice, haciendo un gesto con la cabeza, señalando el costado invisible del viejo 71.   Lo veo y me subo, le doy un beso, el humo definitivamente no me gusta, pero sus ojos con sueño y entrecerrados son tan hermosos que termino olvidando eso también. Por un rato no dijimos nada, ella se apoyó en mi hombro después de haber terminado el cigarrillo.
-Anoche?...- dice mirando la niebla que iba viajando sin moverse.
-No sé, no me acuerdo nada, lo último que recuerdo es el fogón- le contesto, las instantáneas se iban transformando en pequeñas películas.
-Teníamos que venir a buscar la caja con mi regalo, recordás?- dice sonriendo muy pícaramente
-Cierto, perdimos la apuesta, no? teníamos que venir hasta acá, con razón... La encontraste?- Seguía armando todo en mi cabeza, ya cada vez era más fácil. La caja era su regalo de cumpleaños, y su hermana antes de partir nos había dejado la famosa caja para que se la diéramos, seguramente Dimitri y Arianna la habían escondido en algún lugar del colectivo como sabiendo que esto iba a pasar.
-Si, estaba detrás de una de las ruedas, le pusieron un par de fierros arriba, una estupidez, por suerte tenía la linterna- Me mira como reprochándome algo y a la vez jactándose de su inconsciente buena decisión.-
-Si, no sé como vinimos hasta acá en ese estado, no entendíamos nada, pudimos haber terminado en cualquier lado- sonreí con sorpresa y preocupación por todo el trayecto que habíamos hecho mientras imaginaba alternativas trágicas donde todo terminaba mal.
-Pero no lo hicimos, y mira donde estamos- Se levanta, camina hasta la punta del techo, se estira.
Me fascina su pelo, ondulado, dorado oscuro, largo hasta la cintura, definitivamente es más linda despeinada, le da un aire salvaje que queda perfecto con el fondo de pinos sumergidos en la densa niebla. Sus ojos verdes intensos, su piel blanca, me gustaban casi tanto como su acento, hablaba muy bien castellano, pero por momentos salía ese acento tosco de la europa oriental, cuando hablaba rápido o cuando estaba un poco nerviosa. Su madre era uruguaya, y vivió casi 6 años en Uruguay, por eso sabía el idioma. Pensaba en la suerte que tenía, porque yo no sabía nada de ruso, de todas maneras había días que hablábamos en inglés, es una maravilla hablar en distintos idiomas con una misma persona.
-Como amo esto, creo que viviría en este lugar, en este momento para siempre- no sé si me lo dice a mi, a ella, o al viento. Sin embargo me hace sonreír, enamorarse es ridículamente fácil en la escena
-Que hay en la caja?- Le pregunto después de un rato, despertando su curiosidad. Ella se da vuelta con un movimiento ágil, y me clava la mirada
-No sé, la llave te la dieron a vos- Se acerca, y extiende la mano para que se la dé.
-Está en la campera- le contesté
-Bueno dale, bajá, apurate!- me empuja hacia el fondo donde está el barril, para bajar.
Entramos, saco la llave, se la doy, ella abre la caja y saca entre varios objetos viejos, como cartas y fotos, una cámara de fotos con un par de rollos. Se puso a llorar, y me contó que la cámara era del padre, que fue un fotógrafo que había muerto en la guerra de Kosovo, en el 98. Me dio un beso que creo que jamás me voy a olvidar, era el único con ella en ese momento, ese beso fue un enorme gracias para muchos, que terminé recibiendo yo.
-Te acordás algo de anoche?- Me pregunta con la cámara en la mano desde afuera del colectivo.
-Cuando te miro voy recordando- era cierto, sus ojos eran una especie de relato en cámara lenta
Voy hasta donde está, y mirándola mientras me acerco, voy recordando cada segundo de la noche, en el asiento trasero del viejo colectivo 71, y cuando la abrazo por detrás, me olvido del frío, y nos acostamos nuevamente en el techo, entre frases de madrugada y besos de desayuno.

4 comentarios:

  1. Me quiero enamorar de esa manera.

    quiero tener mi techo de algún colectivo.

    =) te tardaste, pero valio la pena!

    ResponderEliminar
  2. No se, yo quiero que para mi cumpleaños me escondan una caja en el interior de un colectivo abandonado con vista a un valle hermoso. Excelente cuento don Mc Fly.

    ResponderEliminar
  3. Te tomaste un tiempo en volver aca... y wow... cémo me gustó esta historia, mas alla de lo bien que la relataste, me conmovió...no sé si es que me estoy adelantando a la primavera, pero dan ganas de enamorarse! ;) Me encantó como la describis a ella, como con las palabras me hiciste ver esta escena que para mi, es de pelicula... Una pelicula hermosa, que ojalá sea real...
    "Frases de madrugada y besos de desayuno" Tiernisimo! :) Beso Martin!

    ResponderEliminar
  4. lo último me hizo acordar a: http://www.youtube.com/watch?v=6vKE1Ix6BPQ&ob=av2e

    lindo cuento, Martín (?)
    pero dejá de emborracharte.

    gracias por ser el único que notó el cambio de faroles, jaja.

    ResponderEliminar