sábado, 22 de febrero de 2014

Escenas: Un año más

En ese momento me di cuenta que nada estaba bien. Dejé el trago en la mesada mientras ella me seguía hablando de sus vacaciones, y busqué en el bolsillo el celular, para ver la hora; eran las 2:55, no sabía que significaba eso, no buscaba un significado, era un momentáneo escape de la música fuerte, de su monólogo interminable, de mi casa. Mi casa... llena de gente, llena de conversaciones mínimas, de botellas de cerveza, de besos de pasillo y puertas cerradas furtivamente. Le dije que me esperara un minuto y me fui, no lo soportaba, subí las escaleras, pasé frente al baño donde dos chicas que no conocía, me cantaban el feliz cumpleaños y estiraban sus manos hacia mi, esperando una respuesta de mi parte. Sonreí y seguí caminando por el pasillo, agarré la llave de la puerta que da a la terraza (que había mantenido cerrada a propósito) y me encerré afuera, en la noche, auriculares y una lista de jazz y blues que había bajado de bandas sonoras de películas de Woody Allen, y ahí quedé, acostado en la fría cerámica, extrañando charlas de horas con alguien que ya no estaba, y que ya no iba a estar,queriendo cambiar olvido por amor, llorando gin tonic, riéndome por pensar en hacer la idiota llamada de las 3:07 a un número que no tenía más, porque claro, pasaron años, pero es difícil olvidar algo que te hizo tan bien.