lunes, 14 de julio de 2014

Dos jaulas

En el suelo estaba la sangre con la que escribiste la última hoja, la lluvia te ponía triste porque sabías que aunque quisieras, el agua no se iba a llevar eso. El espejo ya no era reflejo de lo que nunca fuiste, ahora era el retrato más fiel de la última versión de vos.
Me llamaste y me dijiste que lo roto, roto estaba, y yo te dije mil cosas, la desesperación es verborrágica. No sabía hasta donde llegar, incluso prometí ser aire, no tocarte, solo acompañarte, creyendo que eso era suficiente para que desistieras de lo inevitable. Contemplar el fin de esa manera es desgarradoramente definitivo, no decir nada y mirar los ojos para intentar convencer es una magia muy negra, pudre la cabeza, ya no hay equilibrio, la herida es demasiado profunda.
El dolor en el alma no te lo saca nadie, ya no hay nada más que hacer que contemplar una escena, el amor al adiós en los ojos, el odio al perdón en la boca, el agua que no lava, la sangre que escribe la derrota de la mente, el último llanto del corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario