sábado, 25 de octubre de 2014

Raindrops

You're not the first, you're not the last
that will walk through this ancient path
Please take your shoes off when you arrive
You think I'm late but I'm on time

Watching the sky, guided by stars
I want to find your face in town
It's kind of strange, I should've known
I do not wander, but I'm lost

Winter's gone but where's the sun?
Curiosity is love having fun
Is wondering why your smile is shy
Why it still gets me every time

Ten minutes earlier we arrived
an empty place where we finally sat
I went there to finish our song
You started singing from the top

You were scared, that I know
The ocean I did not ask for 
But raindrops aren't good enough
Two shouldn't be a number so high

I want to kiss you one more time
Curiosity is love having fun
Is wondering why your smile is shy
Why it still gets me every time

martes, 21 de octubre de 2014

Combustible

A unos cinco metros de distancia, flaca, piel blanca como toda descendiente de irlandeses, pelirroja, con el pelo largo hasta la cintura, vestía una remera de Led Zeppelin y unos jeans gastados, esa era mi vista desde la barra del bar. Sola detrás del mostrador, parecía tener una actitud muy antisocial, juzgaba (cuando no la miraban) con ojos serios detrás de los vidrios de marco grueso, semi-escondida detrás de un ejemplar viejo pero bien conservado de "La campana de cristal", de Sylvia Plath  y cuando alguien se acercaba con alguna consulta sacaba la sonrisa más fatal que había visto jamás, esa dualidad me traducía en curiosidad. Me acerqué y le mentí interés sobre una obra de teatro que estaba en cartelera, le pedí su opinión, ella me dijo que le parecía una idiotez que alguien le preguntara si tal o cual obra "estaba buena", porque entonces uno no iría a ver la obra, sino a comparar opiniones (vale aclarar que me fue sincera porque tres o cuatro veces nos habíamos visto, durante minutos breves, al anunciarme como un alumno más de un taller de piano, pero intercambiando sinsentidos para romper la barrera de la simple relación que sucede de ambos lados de un mostrador). Me terminó recomendando otra, un unipersonal  cuya autora fue una ex profesora de ella. donde la mujer hablaba de la ruptura de una pareja haciendo énfasis en todo aquello que compartían, y como esas cosas desde su perspectiva, pasaban de ser de maravillosas a nefastas según la pareja se gastaba. Hablar de relaciones pasadas nos fue un poco odiar (con humor) de a dos, algunos dicen que los romances fugaces nacen de la aversión por las mismas cosas, como si el simple hecho de unirse en rebeldía contra situaciones absurdas hace, irónicamente, nacer algo parecido (pero no) al amor. Nos dejamos llevar, hablamos durante casi una hora, interrumpidos de a ratos por llamadas telefónicas y consultas por horarios que distraían nuestros temas, o daban otros nuevos, como un hombre que llamó y comenzó a contarle sobre una película que había visto pero que no recordaba el nombre, ella me lo escribió en un papel mientras escuchaba, y me sorprendía la abismal diferencia entre sus gestos de burla y cansancio y su tono de voz amable y comprensivo. Le pregunté a qué hora salía, y me dijo que le quedaba una hora y media, y que la noche le parecía perfecta para tomar una cerveza, anticipándose a mi invitación. La esperé (en realidad seguimos hablando hasta que se cumplió su horario). Fuimos a un bar cercano de luces bajas y música fuerte, cosa que criticamos, sumado a otras cosas, como si esa noche fuera una descarga, encontrarse en algo así a veces resulta sano, además de irresistiblemente cautivador. Por algún motivo estábamos en la misma sintonía, la de estar solos de a dos, un estado tan frágil y fugaz como poderoso, por lo que sin importar lo que decíamos, todo era interesante. Con vasos vacíos de cerveza negra, la cabeza llena de impulsos y confesiones a medias, salimos a caminar, nos besamos contra el portero eléctrico de un edificio (nos dimos cuenta cuando tres o cuatro voces distintas nos mandaban a cagar desde mi espalda) y terminamos odiando entre murmullos intensos las paredes finas de una habitación en algún lugar de la ciudad, desafiándonos, como hacen los solitarios a los que los sorprende la primera mano de un juego absurdo. La noche fue fantástica, transformábamos torpeza en búsqueda, hasta encontrar la fusión perfecta, fuimos el escape del otro, llegué por un momento a confundir nuestro momento con una eternidad, pero no me dejé llevar, ya que cuando a dos personas los une el escape y no el encuentro, el tiempo está contenido en un breve reloj de arena. Al final fuí a ver la obra de la que me había hablado, la vi dos veces, una con ella y otra después de ella. La primera vez me gustó, nos pareció hasta gracioso el drama, la segunda la comprendí, no fue para nada alegre, pero la supe disfrutar mucho más.