jueves, 28 de mayo de 2015

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Cuando la lluvia todavía no era lluvia, cuando la noche todavía no era noche. Cuando esperar un bondi era dejar pasar dos, y que los semáforos hicieran a un par de curiosos, testigos de cientos de segundos en besos. El frío no era frío, tus manos heladas en mi cuello y tus labios calentándose con los mios relajaban un dolor de cabeza y desaparecían nueve horas de oficina. La noche inicia el encanto de la luz artificial de Buenos Aires, mirarnos es silenciar el universo, sonreirnos es evitar enamorarnos, abrazarme es fracasar de a poco. A la mañana siguiente voy a dibujar constelaciónes con los lunares de su espalda, ella va a jugar con mis manos y después va a ponerse mi camisa, yo voy a llegar 40 minutos tarde a trabajar, ella me va a mandar mensajes hasta el mediodía, vamos a planear vernos, no nos va a salir.