domingo, 6 de marzo de 2016

The long way home

Me preguntó la dirección de la casa en la que estábamos para pedirse un remis. Se la dije y le pregunté donde vivía, y coincidía mas o menos con mi ruta de vuelta a casa (había un pequeño desvío, unas 6 o 7 cuadras) entonces me ofrecí a llevarla. Estas noches de fin de verano terminan un tanto frías, ella tenía un vestidito negro, corto, bastante escotado, pero en ningún momento resultó vulgar, es de esas mujeres que te quedás mirandola a los ojos porque el magnetismo está ahí, además tenía una variedad de expresiones faciales cuando hablaba que resultaba fantástica . Eran alrededor de las 6am, la última hora de la fiesta la habíamos pasado en la cocina con otras 3 personas hablando de relaciones pasadas, desamores, amores y utopías. Le dije que yo vivía por la zona, sonrió y me contestó un "que bien, un remis desde acá me mata y no tenía ganas de gastar". Agarramos nuestras cosas, fuimos al auto. En la radio estaban dando los últimos temas de jazz previos al comienzo del día, esos con los que cualquiera conecta, tanto el que vuelve solo como el que vuelve con alguien. En nuestro caso era ambas, dos solos que volvían juntos. Ya habiendo hecho unas 15 cuadras le pregunté si le molestaba si tomaba un camino un poco más largo, ya que el corto tenía un desvio que a esa hora iba a resultar en un monton de autos apurados por pasar primero, y que de regalo ibamos a pasar por un barrio inglés que con las primeras luces del día tenía un encanto particular. Hablamos de Woody Allen, de su amor por de Javier Bardem en Vicky-Cristina-Brcelona, le recomende que viera la última (cuyo nombre no lograba recordar, pero le dije que estaban Joaquin Phoenix y Emma Stone), de mis clases de teatro, de su amor por la fotografía y de su ex, con el que había cortado "definitivamente" hace más de una semana. Teníamos diferencias en cuanto a algunas cuestiones del amor, yo siendo todavía un poco mas racional y ella ya dejándose llevar, ya que sus ultimas experiencias le habían enseñado a no pensar tanto. El empedrado era una excelente excusa para ir más despacio, la calefacción del auto, el piano de Kenny Garret en "It's time to say goodbye" y ella que se reía cansada, eran una mezcla más letal que la cantidad de vasos de fernet que había tomado durante la noche. Sabía que un avance era un imposible, ella habiendo salido de una relación hace tan poco, todavía algo enamorada, intentando convencerse en pasarla bien y divertirse a pesar de todo, y yo siempre tímido para el momento decisivo, con falsa confianza, pero no estaba tan lúcido como para inventar una estrategia de 35 cuadras que termine con un beso. Cuando estábamos cerca, me mostró una casa que le encantaba, y cuando llegamos, nos saludamos, me dió las gracias, y se bajó. Esperé a que bajara, abrió la puerta de reja, al cerrarla me miró, me saludó con la mano, se quedó medio segundo más de lo normal agarrada de la reja, fue una pequeña eternidad para contemplarla, con el vestido negro, los ojos achinados, la sonrisa de costado. Volvió a abrir la puerta, vino al auto, y me dijo que anotara su número para que le pase el nombre de la película de Allen cuando se me viniera a la memora. Ya a esa altura la recordaba, pero preferí callarme, anotar el número, y verla caminar hacia la puerta de reja.

2 comentarios:

  1. Me gusta cuando se encuentran pequeñas excusas para concertar un encuentro futuro!
    Lindo relato. Un beso :)

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  2. Jazz, Woody Allen, el amor y la noche. ¿Se puede pedir más magia? Es bonito descubrirte.

    Un besito,

    Andi

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